Corto 22 · Jr Perez · 2 min de lectura
Vino espumante
La celebración había terminado hacía poco. Los últimos invitados se habían marchado, pero sus dos mejores amigas seguían con ella en el balcón del apartamento. Sobre la mesa descansaba una botella de vino espumante casi vacía y varias copas acompañadas de risas y recuerdos. Con el cabello afro rizado suelto, movido por la brisa nocturna, escuchaba historias de viajes, anécdotas divertidas y planes que algún día esperaban cumplir juntas.
Entre una copa y otra recordaron viejos tiempos, hablaron de relaciones pasadas, errores que ahora parecían lejanos y sueños que aún conservaban intactos. Había algo especial en esos momentos compartidos, en la confianza construida durante años y en la tranquilidad de sentirse comprendida sin necesidad de explicar demasiado.
La noche avanzó entre conversaciones y carcajadas. Poco a poco llegaron los bostezos, las despedidas y los abrazos largos, acompañados de promesas de volver a reunirse pronto. Cuando cerró la puerta detrás de ellas, el silencio regresó al apartamento.
Volvió al balcón con la última copa y tomó su teléfono. En lugar de escribirle, decidió llamarlo. Hablaron de la celebración y de cualquier tema sin importancia. Entre risas, ella sonrió y preguntó:
—¿Y si amaneces conmigo?
Hubo una breve pausa antes de escuchar su respuesta.
—Dame veinte minutos.
Ella dejó la copa sobre la mesa y observó las luces de la ciudad. Sonrió mientras la brisa movía sus rizos y pensó que, a veces, los mejores momentos comienzan justo cuando parece que todo ha terminado.
Jr Perez · Malas Letras
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