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Corto 11 · Jr Perez · 2 min de lectura

Santo

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Llego a mi casa después de una noche que parecía intensa, pero que ahora solo se siente vacía. Le escribo a mi novia que no pude contestarle las llamadas, que me dormí temprano. Es una excusa fácil, de esas que salen sin pensarlas. Dejo el celular a un lado, como si eso pudiera limpiar lo que aún tengo en la cabeza.

Me preparo una taza de café y me quedo en silencio, mirando cómo el vapor se pierde. Siempre he creído que después de una noche así uno debería sentirse satisfecho, completo incluso. Pero hoy no. Hoy hay una incomodidad que no logro explicar, algo que se queda dando vueltas sin encontrar salida.

Me siento y empiezo a pensar en lo repetitivo de todo. Las mismas decisiones, los mismos impulsos, las mismas sensaciones que duran poco. Y aunque en el momento parecen suficientes, al final dejan una especie de vacío que no se llena con nada. Respiro profundo, pero ni eso logra calmarlo.

Tomo el teléfono y la llamo. Le digo que quiero verla, que venga. No doy detalles, no los necesita. Antes de que llegue, ordeno un poco, preparo algo sencillo y abro una botella de vino. Intento que el ambiente tenga sentido, aunque no estoy seguro de que yo lo tenga.

Cuando entra, todo cambia sin esfuerzo. Su presencia es tranquila, natural, como si no existiera nada que cuestionar. Me abraza y por un instante todo se detiene. No hay ruido, no hay dudas, solo ese momento que parece suficiente por sí solo.

Me besa con calma, sin prisa. Y ahí lo entiendo. No todo se trata de intensidad. Hay conexiones que consumen… y otras que sostienen. Durante demasiado tiempo confundí el ruido con la felicidad. Y en medio de todo, descubro que lo que necesito no es alguien que me haga sentir más. Es alguien que me haga sentir en paz.

Jr Perez · Malas Letras

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