Corto 19 · Jr Perez · 2 min de lectura
En visto
Al principio respondía al instante. No importaba la hora ni el día. Él enviaba un mensaje y, segundos después, aparecía la respuesta. Las conversaciones fluían solas. A veces hablaban durante horas de cosas importantes y otras veces de absolutamente nada. Pero siempre estaba ahí.
Con el tiempo algo empezó a cambiar. Ya no respondía en segundos. Ahora tardaba algunos minutos. Él no le dio importancia. Después de todo, las personas tienen cosas que hacer. Nadie puede estar disponible todo el tiempo. O al menos eso se repetía para convencerse.
Los minutos se convirtieron en horas. Las conversaciones dejaron de ser largas y comenzaron a reducirse a respuestas cortas. Él seguía escribiendo igual que antes, intentando mantener viva una rutina que poco a poco se estaba apagando. Ella seguía respondiendo, pero ya no parecía la misma.
Luego llegaron los días. Un mensaje enviado por la mañana podía recibir respuesta al anochecer. Algunas preguntas quedaban olvidadas y otras recibían respuestas tan breves que parecían escritas por compromiso. Aun así, él insistía. No porque estuviera enamorado, sino porque todavía recordaba cómo eran las cosas al principio.
Hasta que un día dejó de responder por completo. No hubo discusión, despedida ni explicación. Solo silencio. Un mensaje quedó sin contestar. Luego otro. Y después otro más. Durante semanas miró el teléfono esperando algo que nunca llegó.
Y fue entonces cuando entendió algo que nadie le había enseñado. Siempre creyó que los mensajes importantes eran los que se escribían. Pero estaba equivocado. Porque no ver un mensaje es el mensaje más importante.
Jr Perez · Malas Letras
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