Corto 08 · Jr Perez · 2 min de lectura
Café
El último domingo fui a donde él. Como siempre, pedimos café caliente, con mucha azúcar. Ese tipo de café que no solo se bebe, se queda. Me senté frente a él y empecé a hablar sin filtro, sin orden, dejando salir todo lo que llevaba acumulado en los últimos días.
Le conté de todo. Del trabajo, de los estudios, de las decisiones que pesan y de las que uno toma sin pensar. De la gente que llega con promesas y de los que se van sin despedirse. Porque si algo he aprendido es que las despedidas rara vez anuncian su llegada, y que las malas noticias suelen llegar más rápido que cualquier otra cosa.
Él escuchaba en silencio, con esa calma que no interrumpe, pero tampoco se pierde. No necesitaba decir demasiado. Su forma de mirar ya ordenaba mis ideas. Y entre historias y pequeñas risas, terminé hablando de lo que más pesa… esas pérdidas que no se ven, pero que se sienten todos los días.
Cuando me di cuenta, el café ya se había terminado. Y con él, el momento. Sentí ese vacío que aparece cuando sabes que tienes que levantarte. Todas las despedidas duelen, incluso las que sabes que se repetirán. Pero, aun así, había algo dentro de mí que se sentía más ligero.
Me levanté, lo abracé y le di un beso en la frente. Fue un gesto simple, casi automático, pero suficiente. Como si en ese instante se quedara todo lo que no supe explicar. Como si por un momento todo volviera a encajar sin necesidad de entenderlo.
Antes de salir, me miró con esa misma tranquilidad y me dijo que siempre tendría un lugar ahí. No habló de visitas ni de café… habló de estar. Y entendí que no era la taza, ni la mesa, ni el momento. Era él. Y desde ese día supe que algunos lugares no tienen dirección. Tienen nombre.
Jr Perez · Malas Letras
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